Arly se probó en varias disciplinas paralímpicas antes del esquí. Reuters

Arly se probó en varias disciplinas paralímpicas antes del esquí. Reuters

Mar 14 2018 Por: Almudena Rivera

Arly Aristides Velasquez, el único participante mexicano en los Juegos Paralímpicos de Pyeongchang, no borra la sonrisa de la cara ni un instante. Desprende una energía que contagia al que le rodea. Ha luchado mucho para estar en Corea y tanto el paso de los años como el accidente le han enseñado a saborear cada instante de la vida de forma intensa.

"Cuando tenía 13 años me rompí la espalda haciendo bici de montaña. Era campeón juvenil y participaba con chicos de 15 a 19 años. Estuve tres años de rehabilitación intensa, con ocho horas de terapia. Me sentía deprimido y necesité encontrar sentido a la vida y ser un deportista. Intenté dar un giro y meterme en deportes adaptados", confiesa junto a la pista del Centro Alpino de Jongseon.

Su tía Carmen Peñaloza, campeona paralímpica de baloncesto, fu quien le introdujo en los deportes para personas con discapacidad. "Empecé con natación, hice baloncesto, pista... y la verdad es que como todos esos deportes son en espacios pequeños notaba que necesitaba tener sensación de libertad, como ahora, viendo estas montañas", dice mientras las señala.

"Aquí hay velocidad, saltos y desafíos", dice refiriéndose al esquí. "Me siento feliz. En la nieve soy yo mismo. La vida tiene que tener los límites que defina la creatividad de cada uno. Estar en la silla es estar en dos ejes, pero en un monoesquí (silla con la que compite) es como una bici. Tenía que dar un cambio a mi vida. Vendí mis cosas de México, compré una camioneta viejita en la frontera y me fui conduciendo 14 horas a Park City. Ahí comenzó toda la aventura", dice con una amplia sonrisa.

Regreso al lugar que lo cambió todo

Porque el esquí le atrapó desde el mismo instante en el que lo probó. Fue un flechazo. "Empecé en unas vacaciones en Canadá, en Banff. Regresé al mismo sitio en el que me rompí la espalda con la bici de montaña y siete años después llegué al monoesquí alpino. Lo probé y supe que era a lo que me quería dedicar el resto de mi vida. De esto ya hace una década".

Le costó dos años y medio disfrutar del esquí en silla. "Antes me caí muchísimas veces pero aguanté todos los golpes. Tengo la lesión al nivel del pecho y es un deporte muy complejo en el que nunca dejas de sentirte principiante", dice.

Se define como un 'nómada' porque al no haber nieve en México tiene que viajar continuamente. Para reducir costes, se fabrica su propia silla de esquí con fibra de carbono. "No sabíamos nada pero existe Youtube y a base de prueba y error logramos algo increíble", explica riendo. Los de Pyeongchang son sus terceros Juegos y su mejor posición ha sido una decimoséptima plaza en el supergigante.

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